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No fue de un día para otro. Fue de una noche para muchas. Antes de que Árbol Pequeño llegara a mi vida, yo ya tenía inquietudes. Muchas, durante años, mientras ejercía como médico especialista en Logopedia y Foniatría, fui acumulando preguntas que los libros no responden, aprendizajes que los protocolos no nombran, y una sensación incómoda: lo que tengo para decir, ¿será útil para alguien?

En ese entonces, publicar en revistas indexadas y presentar en Jornadas Científicas de la Facultad me parecía suficiente. Era el camino conocido, el esperado, el que me habían enseñado a respetar. Pero algo no terminaba de cerrar.

Luego llegó el emprendimiento. Llegó la necesidad —casi física— de mirar de frente los espacios vacíos que deja la carga asistencial. Esos silencios entre paciente y paciente donde siempre pensé: ‘aquí falta algo’.

👶🏾 La maternidad me puso del otro lado

Con él, la teoría se encarnó. Por primera vez no solo acompañaba a madres desde mi consulta: yo era una de ellas. Viví en carne propia lo que tantas veces había observado: el agobio, las dudas, el mar de recomendaciones contradictorias, y ese miedo silencioso de no estar haciéndolo bien. ¿Cómo estimulo a mi bebé? ¿Cómo saber si va bien? ¿A quién preguntar cuando los manuales no abrazan? Y ahí, en medio del torbellino de la maternidad reciente, llegó un grupo de WhatsApp de madres cubanas (Maternidad y vida).

🧶 Las tribus digitales también te sostienen

Fue el encuentro con eso que ahora llamo «tribu digital». Mujeres en la distancia, con apuros parecidos, sosteniéndose con mensajes de voz, memes y confesiones a las tres de la mañana. Allí conocí los proyectos Mamá emprende y Limpio y Libre(sobre Higiene Natural Infantil). Dos cursos que no eran sobre logopedia, no eran sobre mi especialidad, pero eran sobre creer. Sobre ver a otras mujeres crear desde sus conocimientos y sus ganas. Sobre darme permiso para imaginar que yo también podía.

Fue ahí, en esos chats y en esas clases, donde Habla y Aprende comenzó a latir con nombre propio. Empecé a escribir. Ideas sueltas al principio, luego párrafos, luego estructuras completas. Las chicas comentaban, alentaban, preguntaban. Y sus palabras fueron el abono que necesitaba para seguir.

📦 Blogger: la primera casa (y fue suficiente)

Cuando decidí lanzarme, no tenía presupuesto ni certezas. Pero tenía claro que esperar a tenerlo todo perfecto era la mejor forma de no empezar nunca. Así que abrí un blog en Blogger. Gratuito, humilde, limitado. Perfecto para una mujer que solo necesitaba un lugar donde existir en internet. Y funcionó. Porque no hace falta una mansión para probar que sabes cocinar.

🚀 El salto (y el universo diciendo «anda»)

Y así, cuando menos lo esperaba, apareció un apoyo financiero inesperado. No lo pedí. No lo busqué. Llegó (los angeles existen).Y supe que era la señal. Habla y Aprende merecía un hogar más grande. Con más herramientas, más alcance, más posibilidades de crecer y, sobre todo, más espacio para recibir a la tribu que estaba por llegar. Así aterricé en WordPress. Con miedo, con cero experiencia, y con la misma convicción con la que empujé aquel primer pujo: esto tiene que salir.

🗓️ Los jueves son del Árbol

Hoy sé que me falta muchísimo por aprender. Pero también sé que no necesito saberlo todo para empezar a compartir lo que ya sé. No hace falta un sartén nuevo para freír un huevo.

Por eso creé Las Noches del Árbol. Un jueves a la semana. Mi habitación oscura, mi bebé dormido en la cama, mi vaso con agua (no me gusta el café), mi móvil y mi proyecto. Unas horas donde no soy la mamá de, ni la doctora que resuelve, ni la que debe dar respuestas. Solo soy la que construye.

No es un método perfecto. No es ambicioso. No impresionaría a ninguna gurú de la productividad. Pero es mío. Y funciona.

Porque he aprendido más en tres jueves que en tres meses de intentar «aprender todo antes de hacer algo». Porque he instalado plugins sin saber qué eran, he publicado entradas sin tener la imagen ideal, he cometido errores y los he solucionado con ayuda, con búsquedas, con prueba y error.

Y eso no es imperfecto. Eso es exactamente como tenía que ser.

🌱 Por si alguien más está empezando

Si llegaste hasta aquí y te sientes identificada, si tú también tienes una idea guardada en un cajón esperando «el momento adecuado», quiero decirte algo:

La perfección no existe. La excelencia, sí. Excelencia es sentarte aunque no sepas. Es publicar aunque te tiemble el dedo. Es pedir ayuda y aceptar que no tienes por qué saberlo todo. Excelencia es lo que haces cuando nadie te está mirando y aún así sigues.

Habla y Aprende no nació cuando obtuve el dominio. Ni cuando publiqué la primera entrada. Ni cuando alguien dejó el primer comentario.

Habla y Aprende nació mucho antes: esa noche en que, con un bebé dormido en la habitación, abrí un blog gratuito y escribí «Vamos a ver qué pasa». Y esto, justo esto que estás leyendo, es lo que pasó.

💬 Y ahora te pregunto a ti: ¿Tú también tienes una «Noche del Árbol»? ¿Ese momento en que, a solas con tu proyecto, decidiste que no necesitabas permiso para empezar?

Cuéntame en los comentarios. Esta tribu también se construye así: una historia, una noche, un «vamos a ver qué pasa» a la vez.

Dra. Arianna Fortun Lavin | Logopeda y Foniatra | Creadora de ‘Habla y Aprende’, un espacio donde la ciencia del lenguaje se encuentra con la crianza observadora.

Descubre el origen de todo:

https://hablayaprende.com/2026/02/09/y-llego-arbol-pequeno/

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2 Comentarios

  1. También tenía un proyecto, pero lo abandoné por no creer que soy lo suficientemente buena, todos tus artículos me han inspirado mucho, me siento identificada y orgullosa de ti❤️. un fuerte abrazo para Árbol pequeño y para ti!!

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