WhatsApp

+5363932637

Correo electrónico

hablayaprende1@gmail.com

Lo que me enseñaron en la consulta y lo que me enseñó mi hijo cuando empezó a necesitarme de noche.


Hoy quiero contarte cómo empezé el colecho de forma segura y lo que aprendí en el camino.

El colecho en la teoría: lo que me enseñaron en la consulta

Durante mis años de formación como Médico General Integral (MGI), en las consultas de puericultura, repetía una y otra vez lo que nos enseñaban: «El bebé debe dormir en su cuna desde el primer día». Era un consejo de seguridad, de autonomía, de «buena crianza». Y yo lo recomendaba con la mejor intención, con la certeza de quien aún no ha vivido la noche desde el otro lado.
Te cuento sobre mi en la siguiente entrada:
https://hablayaprende.com/2026/02/04/sobre-mi-habla-aprende/

Antes de estar embarazada, estaba convencida. «No voy a acostumbrar a mi hijo a dormir conmigo. Lo mejor es que duerma en su cuna».

Y así fueron los primeros 6 meses, durante las noches lactaba a Árbol Pequeño, lo ponía en su cuna (que estaba pegada a mi cama, eso sí, para vigilarlo) y él dormía tranquilo. Yo también. El plan funcionaba. Hasta que la vida —y el desarrollo de mi hijo— decidieron que el plan tenía que cambiar.

Lo que Árbol Pequeño me enseñó : por qué empezamos el colecho

A partir de los 6 meses, todo cambió. Llegaron dos hitos que reconfiguraron por completo el sueño de mi bebé (y el mío).

  1. 🔹 La dentición: el primer gran desafío nocturno Los dientes empezaron a asomar, y con ellos, el malestar. Durante el día lo resolvíamos con mordedores de madera, texturas frías, y un truco que me enseñó mi papá: tetes fríos. Usábamos las teteras de los pomos de leche (que yo nunca usé para dar leche, porque pasé directamente de la teta al vaso y la cuchara —pero de eso hablaré en otra entrada), las enfriábamos y se las ofrecíamos para calmar sus encías. Pero las noches eran otra historia. El malestar no se iba con la oscuridad. Y mi bebé, que antes dormía plácidamente en su cuna, empezó a despertarse con más frecuencia, a buscar consuelo, a necesitar mi calor, mi olor, mi presencia constante. La cuna, que antes era su lugar seguro, de repente se sintió lejos.
  2. 🔹 La alimentación complementaria: cambios en el ritmo intestinal. Con la llegada de los nuevos alimentos, su cuerpo también empezó a funcionar de otra manera. Los horarios intestinales cambiaron. Árbol Pequeño comenzó a hacer caca durante las noches y las madrugadas, y esos despertares no eran los típicos «una toma y a dormir». Eran despertares largos, incómodos, difíciles de conectar. A veces, después de ponerlo en el orinal, sí práctico HNI, no lograba volver a dormirse solo. Necesitaba mi abrazo, mi calor, mi cuerpo a su lado para regularse.

Si quieres más información sobre HNI te dejo el enlace de la entrada.

https://hablayaprende.com/2026/03/17/higiene-natural-infantil-el-aprendizaje-que-revoluciono-mi-maternidad-y-la-comunicacion-con-mi-bebe/

Y ahí, entre una encía que dolía y una pancita que se adaptaba a nuevos alimentos, la cuna dejó de ser una opción, como decíamos en buen cubano «la cuna tiene espinas». No era un capricho. Era una necesidad legítima de un cuerpo pequeño que atravesaba cambios profundos.

Cómo empezar el colecho de forma segura con recursos caseros

Yo había probado un poquito de colecho durante los primeros dos meses, solo unas horas sobretodo en las mañanas que era cuando más atacaba la disquecia a mi bebé y noté que en mi regazo la pasaba mejor, era mucho tiempo y yo también estaba agotada de las «malas noches» y decidí en esas 3 largas horas dormir juntos en mi cama, así él pasaba mejor su incomodidad y yo descansaba un poco más. También lo hice así en algunas siestas del mediodía, en las noches el se quedaba tranquilo en su cuna después de cada toma.
Por si te interesa saber cómo manejé las noches de cólicos y la disquecia te dejo el enlace aquí
https://hablayaprende.com/2026/03/09/de-la-desesperacion-a-la-calma-como-encontre-la-triada-que-vencio-los-colicos-y-o-disquesia-del-lactante/

Una noche, después de la tercera vez que me levantaba a consolarlo, lo subí a mi cama. Y al hacerlo, sentí algo que no esperaba: alivio. Él se durmió en segundos. Yo también.

No fue una decisión impulsiva. Fue una respuesta consciente a una necesidad real. Pero también sabía que, al abrir la puerta al colecho, tenía que hacerlo con medidas de seguridad claras.

Y a pesar de investigar sobre el colecho saludable y encontrar posiciones saludables dónde se evita el riesgo de aplastamiento al bebé, habían otras preocupaciones.

No tenía una cama con barandas o una cuna colecho, así que diseñé una solución con lo que tenía: dos sillas con el espaldar recostado a la cama, que sirven como barrera, si se mueven, el ruido me despierta. No es una solución de catálogo, pero es nuestra solución, pensada para su seguridad y mi tranquilidad.

Desde entonces, el colecho se convirtió en nuestra herramienta para navegar juntos esas etapas de cambios. No fue «rendirme». Fue adaptarme a lo que mi hijo necesitaba en ese momento.

La bomba de sueño: nuestro recurso para las noches difíciles

El colecho nos abrió la puerta a otra herramienta que llamo con cariño «la bomba de sueño». En las noches donde el malestar es mayor (dientes, sobreestimulación, algún catarro), no bastaba con tenerlo cerca. Necesitaba regular su sistema nervioso con un cóctel de recursos:

  1. 🔹 Piel a piel: mi arma secreta: El contacto directo con mi piel libera oxitocina, la hormona del apego, que reduce el cortisol (la hormona del estrés) en ambos. Su cuerpo se calma, su respiración se aquieta y su sistema nervioso encuentra el equilibrio. Pero además, esa cercanía tan íntima es un baño sensorial de lenguaje: su oído escucha los latidos de mi corazón, mi respiración, los pequeños sonidos que hago. Es su primera y más profunda escuela de comunicación. Sin contar que también sirve para calmar a mamá.
  2. 🔹 Mi voz: A veces cantando, a veces tarareando, a veces en silencio No hay un solo recurso que funcione siempre. Aprendí a leer sus señales: si cantar lo mantenía despierto, tarareaba; si tararear lo estimulaba, me quedaba en silencio y solo le susurraba «a dormir». Cada noche era un diálogo. Y ese diálogo, aunque parezca unidireccional, es el origen del lenguaje. Él escucha los ritmos, las pausas, la entonación. Su cerebro va almacenando los patrones de la comunicación humana. Cuando se despertaba y balbuceaba, a veces con el mismo ritmo de mis canciones, yo sabía que estaba procesando todo eso.
  3. 🔹 Movimiento rítmico: un balanceo suave, sentada en la cama y otras veces caminando meciéndole entre mis brazos. El movimiento rítmico activa el sistema vestibular, que es un potente regulador neurológico. Lo ayuda a pasar de un estado de alerta a un estado de calma. Pero, además, el sistema vestibular está directamente conectado con las áreas del cerebro que procesan el lenguaje. Cuando un bebé se siente seguro en su cuerpo, cuando su sistema nervioso está regulado, su cerebro está listo para aprender a hablar

Esa combinación, aplicada con calma y observación, es nuestra «bomba» para desactivar la tensión y ayudarlo a volver al sueño. Y funciona. No solo por los elementos en sí, sino porque yo también me regulaba al usarlos. Mi cuerpo se relajaba, mi respiración se hacía más lenta, y él lo sentía. Es una coreografía de dos.

Y entonces, llegó el lenguaje: la conexión que no esperaba Colecho y desarrollo del lenguaje

Al principio, el colecho fue una respuesta al malestar y la necesidad de cercanía. Pero con el tiempo, empecé a notar algo hermoso: esas noches de cercanía también estaban estimulando su lenguaje de formas que no imaginaba.

Cuando estábamos así, en la penumbra, mi boca cerca de su oído, mi voz suave, él escucha los sonidos de mi lenguaje de una manera muy íntima. Aprendía los ritmos, las pausas, la entonación. Y cuando se despertaba, a veces balbuceaba, como si estuviera procesando esos sonidos. Esa cercanía nocturna se convirtió en un baño de lenguaje silencioso pero poderosísimo.

Además, el colecho favoreció que en los despertares, cuando me pede algo ( consuelo, teta), yo puedo responder con prontitud y sentir su alivio.
El colecho era el espacio de intimidad donde su comunicación más primitiva se encontraba con mi lenguaje.

No sé si el colecho «enseña a hablar». Pero sí sé que el colecho, vivido con calma y con comunicación, le dio a mi hijo la base de seguridad para atreverse a usar su voz. Porque cuando un niño se siente seguro en su cuerpo y en su vínculo, el lenguaje florece.

Lo que aprendí sobre el colecho: no hay un solo camino

Hoy, como madre, entiendo a todas esas madres que en mis años de formación no me escuchaban cuando les decía que el bebé debía dormir solo. Entiendo que la teoría es necesaria, pero la realidad es soberana. Entiendo que el colecho no es una moda ni una rebeldía. Es, para muchas familias, una respuesta de amor y de supervivencia.

Ahora, cuando me siento a escribir o a hablar con otras madres, no digo «debes» o «no debes». Pregunto: «¿Qué necesita tu bebé? ¿Qué necesitas tú? ¿Cómo puedes encontrar un equilibrio que les permita descansar y seguir conectados?».

Porque el colecho, bien practicado, con información y con medidas de seguridad, puede ser una herramienta maravillosa. Y también puede ser que no funcione para todas las familias. Y eso está bien.

Lo importante no es dónde duerme tu bebé, sino cómo se sienten mamá, bebé y papá. Si hay descanso, si hay conexión, si hay amor.

Preguntas Frecuentes sobre Colecho

  1. ¿El colecho es seguro?
    Sí, siempre que se tomen las medidas adecuadas. Los riesgos disminuyen drásticamente cuando se duerme en una superficie firme, sin almohadas ni edredones pesados, sin consumo de alcohol o tabaco, y con el bebé boca arriba. En mi caso, no tengo barandas, pero adapté dos sillas como barrera y las uso como sistema de alarma: si se mueven, el ruido me despierta. Lo importante es informarse y diseñar un espacio seguro.
  2. ¿No voy a «mal acostumbrar» a mi bebé?
    No se «mal acostumbra». Los bebés pasan por etapas. El colecho es una respuesta a una necesidad real (dolor, miedo, cambios en su desarrollo). Cuando esa necesidad se resuelve, ellos mismos van buscando su espacio. Mi hijo empezó en su cuna, luego pasó a mi cama por necesidad, y sé que cuando esté listo, volverá a su espacio. No hay un solo camino, sino un camino que se va haciendo.
  3. ¿Y si me muevo mucho mientras duermo?
    Si eres una persona que se mueve mucho, el colecho puede no ser para ti. Es importante conocer tus propios patrones de sueño. En mi caso, desde que duermo con él, mi cuerpo ha aprendido a quedarse inmóvil. Es una adaptación natural que ocurre en muchas madres.
  4. ¿Cómo lo hago si mi pareja no está de acuerdo?
    El colecho debe ser una decisión consensuada. A veces se puede buscar un equilibrio: el bebé duerme con la madre en la cama y el padre en otra habitación, o se usa un colecho adosado a la cama. Lo importante es que todos los adultos implicados se sientan cómodos y seguros con la decisión.
  5. ¿Y si quiero volver a que duerma en su cuna?
    Se puede hacer una transición gradual cuando el bebé esté listo. Empezar con las siestas en la cuna, luego las primeras horas de la noche, y poco a poco ir alargando. Siempre con presencia, con calma, sin prisas. No hay una edad fija; cada familia encuentra su ritmo.

🌟 Beneficios del colecho para mamá y bebé

Para el bebé

  1. Regulación emocional: El contacto con la madre regula su sistema nervioso, reduciendo el estrés.
  2. Favorece la lactancia: Las tomas nocturnas son más rápidas y menos disruptivas.
  3. Mayor seguridad y confianza: Saber que su cuidador está cerca le da una base segura para explorar el mundo.
  4. Estimulación del desarrollo del lenguaje: La cercanía nocturna favorece el «baño de lenguaje» en los momentos más receptivos. Menor riesgo de muerte súbita (cuando se practica de forma segura): La cercanía permite que la madre perciba cualquier alteración en la respiración del bebé.

Para mamá:

  1. Más descanso: Menos despertares totales, menos traslados entre cunas, más horas de sueño acumulado.
  2. Favorece la lactancia: Puede amamantar sin levantarse, lo que prolonga la lactancia materna.
  3. Conexión profunda: Las noches compartidas fortalecen el vínculo y la comunicación.
  4. Menos ansiedad: No tener que esperar a que el bebé llore para consolarlo reduce el estrés materno.
  5. Empoderamiento: Tomar una decisión informada y consciente sobre cómo acompañar el sueño de tu hijo fortalece la confianza en tu maternidad.

Una invitación a reflexionar

¿Tú también cambiaste de opinión sobre algo que antes tenías claro? ¿El colecho ha sido parte de tu camino o has encontrado otras formas de acompañar las noches de tu bebé?

Te invito a compartir tu experiencia en los comentarios. Porque todas las madres aprendemos de todas, y tus vivencias pueden ser justo lo que otra madre necesita leer hoy.

Dra. Arianna Fortun Lavin | LogoFoniatra | Creadora de ‘Habla y Aprende’, un espacio donde la ciencia del lenguaje se encuentra con la crianza observadora.

Si deseas estar informada cuando salgan las publicaciones, puedes seguirme en:

📱 Instagram: https://www.instagram.com/hablay_aprende

📘 Facebook:
https://www.facebook.com/share/1PJ98oSCAZ/

Artículos recomendados

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *